
Rita
Rita barre lo que no se ve. Las casas juntan cosas que no son polvo: rachas pesadas, broncas que quedaron flotando, mufa que alguien trajo pegada en la espalda sin querer. Ella entra cuando nadie mira, con su capa negra que brilla apenas, y trabaja con método: la amatista en la mano izquierda le marca los rincones donde se amontonó lo invisible, se le pone fría de golpe, y la escoba hace el resto. Barre siempre hacia la puerta, nunca hacia adentro, y de ahí viene la costumbre vieja, aunque ya nadie recuerde por qué. No sonríe mucho, es cierto. Las barrenderas de energías no tienen tiempo para simpatía: tienen trabajo. Pero si un día tu casa amanece más liviana sin razón, y dan ganas de abrir las ventanas y poner música, agradecele a Rita, que pasó de madrugada.