
Heriberto
Heriberto siempre mira para arriba, y no es distracción: es su puesto de trabajo. Él atiende los pedidos que la gente le hace al cielo, los que se dicen mirando una estrella, la luna, o el techo del cuarto cuando no se puede dormir. Todos esos deseos suben, y arriba alguien los tiene que recibir. Su talismán funciona de antena: la amatista junta los pedidos según la urgencia y el hongo los protege de perderse en el camino, que el viento allá arriba es traicionero. Heriberto los anota en su memoria larguísima y no se olvida de ninguno, aunque vos sí. Por eso a veces te llega algo que pediste hace años, cuando ya ni te acordabas, y justo cuando lo podés recibir. Llegó tarde para tu apuro y a tiempo para tu vida. Los deseos no se pierden: hacen fila.